El 89% ve la IA como palanca; solo el 10% mide el ROI

Un estudio de Adigital, liderado por Atrevia, Windup y Thinking With You sobre 98 organizaciones españolas, retrata el hueco entre el entusiasmo directivo por la inteligencia artificial y la falta de métricas para comprobar si de verdad funciona.

Ilustración editorial de un medidor antiguo de pared cuya aguja roja marca el máximo, pero cuya esfera no tiene ninguna escala ni números — metáfora del entusiasmo empresarial por la IA sin manera de medir su retorno.

Adigital ha publicado el estudio «IA y gestión del cambio en las organizaciones», elaborado junto a las consultoras Atrevia, Windup y Thinking With You sobre una muestra de 98 organizaciones españolas de distintos tamaños y sectores. El dato que sostiene el titular: el 89% de las empresas consultadas ve en la inteligencia artificial una palanca para ganar eficiencia, pero solo el 10% dice tener un retorno de la inversión (ROI) claramente definido, y un 33% directamente no lo mide.

Los directivos no dudan del potencial de la tecnología. El 74% se declara entusiasmado ante la IA y el 64% considera prioritario acelerar su integración. «Las organizaciones ya han entendido que la IA es una prioridad estratégica. El reto ahora es pasar del interés a la capacidad», señala Juliett Suarez, directora de Inteligencia Artificial de Adigital. El 76% se dice abierto a experimentar y la mitad cree contar con la infraestructura adecuada para hacerlo. Pero el propio estudio detecta un techo compartido: la confianza de los empleados en los sistemas de IA se sitúa en un punto neutro (59%), y las organizaciones reconocen carencias en estrategia, gestión del cambio y gobernanza.

Las organizaciones ya han entendido que la IA es una prioridad estratégica. El reto ahora es pasar del interés a la capacidad.

Juliett Suarez, directora de Inteligencia Artificial de Adigital

Es la misma brecha que ya dejaron ver otras olas tecnológicas —el smartphone, las redes sociales, el big data— cuando la adopción individual corrió más rápido que la capacidad de la organización para gobernarla y medirla. La diferencia esta vez, según el propio estudio, está en la velocidad: la IA generativa se ha adoptado más rápido que ninguna de esas tecnologías anteriores.

Si la brecha no se cierra, lo que viene no es un frenazo, sino una fase de desilusión selectiva: proyectos de IA que se enfrían no por falta de interés directivo, sino porque nadie puede demostrar que están dando resultado. El 83% de las organizaciones consultadas cree, de hecho, que el factor humano seguirá siendo el elemento decisivo para aprovechar el potencial de la tecnología, un matiz que desmiente la lectura más simplista de «cuanta más IA, mejor».

Para un departamento de comunicación, la implicación es doble. Primero, la gestión del cambio y la comunicación interna dejan de ser un trámite alrededor de cualquier despliegue de IA: el propio estudio las señala entre las carencias más citadas, junto a la estrategia clara y las métricas de retorno. Segundo, esa confianza neutra de los empleados —el 59%— es exactamente el tipo de indicador que un dircom debería vigilar antes de que se convierta en resistencia abierta.

La inteligencia artificial en las empresas españolas ya no tiene un problema de convencimiento. Tiene un problema de gobernanza, y ese es un oficio que la comunicación interna conoce de sobra.

Fuentes