
Los usuarios que vean una campaña servida por Google podrán comprobar pronto si se ha elaborado con inteligencia artificial generativa. Según adelantó Dircomfidencial, el buscador amplía a toda la publicidad una obligación de transparencia que hasta ahora reservaba a los anuncios electorales. La información aparecerá en My Ad Center y Google etiquetará de forma automática las campañas creadas con sus propias herramientas; si el anunciante usa otras, deberá declararlo su proveedor.
La medida no nace de la nada. Google exige desde mediados de noviembre de 2023 que los anunciantes electorales verificados revelen cuándo una campaña contiene contenido sintético que representa de forma realista a personas o hechos. Las ediciones rutinarias —recortar, ajustar brillo o color, corregir ojos rojos— quedaban fuera. Lo que ahora cambia es el perímetro: de la excepción política a la norma general.
El sector pasó dos años aprendiendo a fabricar anuncios con inteligencia artificial; ahora las plataformas aprenden a etiquetarlos.
De la excepción a la norma
El movimiento coincide con la industrialización del anuncio hecho por máquina. Las plataformas han incorporado la IA generativa a sus herramientas de autoservicio para que anunciantes sin presupuesto de producción puedan mostrar variaciones de un producto sin sesiones de fotos. Eso desbloquea inversión nueva —el gasto en publicidad digital creció un 10,5% en Europa en 2025, según IAB Europe, con las plataformas de autoservicio como uno de los motores— y, de paso, multiplica el contenido sintético en circulación. Meta trabaja en automatizar por completo la creación de campañas.
Adónde va
El sentido de la marcha es claro. Google admite que no restringe el uso de la tecnología ni presume menor fiabilidad; solo pide que el anuncio no engañe sobre el producto. Es, sobre todo, un movimiento para adelantarse al regulador. La etiqueta de «hecho con IA» tiene toda la pinta de convertirse en estándar del sector antes que en obligación legal.
Qué hacer con esto
Para el profesional de la comunicación, la consecuencia es operativa, no filosófica. La carga de declarar el uso de IA de terceros recae en el anunciante y su agencia, no en la plataforma. Conviene incorporar ya la trazabilidad del contenido a los flujos de trabajo: saber qué se generó con máquina, con qué herramienta y con qué grado de alteración. Quien no pueda responder a esa pregunta cuando la etiqueta llegue por defecto tendrá un problema de reputación, no de tecnología.
Durante dos años, la ventaja competitiva fue producir con IA sin que se notara. La siguiente será poder demostrar que se declara.
