La reputación del presidente ya se audita como un dato

Un estudio mide la reputación de los 50 mayores presidentes de la bolsa española procesando 28.219 informaciones en 4.385 medios. La percepción deja paso al dato.

Ilustración editorial: un busto sin rostro hecho de teselas medido con un calibre, como metáfora de la reputación corporativa cuantificada.

La consultora de inteligencia en comunicación Enigmia ha publicado su Ranking de Reputación de Presidentes del Mercado Continuo del primer semestre de 2026, y lo relevante no es quién encabeza la lista, sino cómo se construye. El estudio mapea a los cincuenta presidentes con mayor magnitud reputacional de la bolsa española a partir del procesamiento y la auditoría de 28.219 informaciones únicas publicadas en 4.385 medios de comunicación.

Durante décadas, la reputación de un directivo se estimaba con encuestas de percepción y algo de intuición. Lo que propone Enigmia es tratar la reputación como una magnitud contable. Tres métricas —el Impacto Reputacional Acumulado, el Desempeño de Comunicación y una clasificación por siete dimensiones de liderazgo, de la visión estratégica al impacto sostenible— convierten la cobertura mediática en una cifra comparable entre directivos.

Lo que propone Enigmia es tratar la reputación como una magnitud contable.

De prestigio a cuadro de mando

El podio del semestre lo ocupan Marc Murtra (Telefónica), Ana Botín (Banco Santander) y Enrique Riquelme (Cox), pero el estudio reparte además reconocimientos por variables concretas: la mayor eficiencia comunicativa, la positividad más alta o el mayor protagonismo mediático. Ahí está la señal de hacia dónde va la medición. No un ranking anual de prestigio, sino un tablero semestral que descompone la reputación en indicadores. La misma lógica de cuantificación que ya gobierna el marketing digital llega ahora a la reputación corporativa, y no es un fenómeno solo español: las consultoras de media intelligence llevan años empujando en esta dirección en Estados Unidos y Reino Unido.

Con la inteligencia artificial abaratando el análisis de miles de textos, el paso siguiente es previsible: la medición continua, casi en tiempo real. Pasará, aunque todavía tropieza con un límite que conviene no olvidar: un algoritmo cuenta menciones y tono, pero distingue mal la ironía y el contexto. La cifra ordena; no siempre entiende.

Qué debería replantearse un dircom

Para el profesional de la comunicación, la consecuencia es incómoda y clara. Si la reputación de su presidente se audita con este detalle desde fuera, no medirla dentro de casa con el mismo rigor es quedarse ciego. El director de comunicación que siga defendiendo su trabajo con recortes de prensa y sensaciones competirá, y no en igualdad, con consultoras que entregan índices, dimensiones y comparativas.

La reputación siempre fue difícil de gobernar porque era difícil de medir. Ese consuelo se está acabando.

Fuentes